Por Juan Cristóbal Alcalde, socio fundador de Noosa Capital.

Columna publicada en La Segunda el 26 de marzo de 2020

 

A principios de año, las cifras de crecimiento en EE.UU. y el mundo mostraban incipientes recuperaciones luego de las coordinadas y agresivas políticas de flexibilización monetaria y de la estabilización del conflicto comercial entre Washington y Beijing, siendo las elecciones de noviembre en EE.UU. el tema a monitorear. Sin embargo, el brote mundial de covid-19 ha cambiado radicalmente el escenario. El precio a pagar por aplanar la curva de contagios a través del distanciamiento social se traducirá en una reducción más profunda y prolongada de la actividad económica. La pandemia ha generado pánico e incertidumbre pocas veces antes vistas, lo que se ha traducido en una volatilidad de los mercados de proporciones. De hecho, el indicador de volatilidad VIX alcanzó los 84 puntos (más de cuatro veces su promedio histórico) superando el nivel de la crisis del 2008.

Pese a ello, es importante no reaccionar emocionalmente a la volatilidad y no perder de vista los objetivos de largo plazo, ya que el costo de no estar invertido es tan alto en términos de rentabilidad perdida como para tomar esta decisión, pues es imposible predecir el mercado. De hecho, en los últimos 30 años el S&P 500 ha rentado un 10% promedio anual solo estando invertido en él. A modo de ejemplo, si se hubiera perdido los mejores 15 días por tratar de adivinar una caída, la rentabilidad anual baja al 6,7%. Como dato, durante este mes hemos observado cuatro de los mejores días del S&P 500 de su historia. Así, el desafío, sobre todo, en estos tiempos de fuertes correcciones, es lograr mantenerse invertido sin saber qué pasará mañana. Afortunadamente y gracias a más de 90 años de historia de los mercados, esto se logra siendo inversionistas de largo plazo.