Por Isabel Olivos, socia de Noosa Capital.

Columna publicada en El Pulso el 14 de abril de 2020

 

Sin lugar a duda, este primer trimestre fue muy distinto al que todos imaginamos a comienzo de año. El desequilibrio global que está provocando la pandemia del coronavirus, que actualmente tiene confinadas en sus casas a casi la mitad del planeta, ha sorprendido hasta al más pesimista.

En este escenario, la mayoría de las clases de activos en el mercado financiero mostraron caídas sin precedentes durante los primeros tres meses del presente año. La recesión global ya es un hecho y aunque las estimaciones de crecimiento para el 2020 han dado un giro a la baja, lo cierto es que la extensión y profundidad del daño final es aún desconocida. El impacto económico está siendo mayor al esperado inicialmente y la caída en la actividad mundial será probablemente muy superior a la vivida en la crisis financiera del 2008.

Es en estos momentos de alta incertidumbre y niveles de volatilidad en sus máximos históricos cuando nos parece primordial recordar ciertos principios fundamentales a la hora de invertir.

En primer lugar, es necesario que todo inversionista haya definido el perfil de riesgo que se ajuste a sus objetivos de largo plazo. Además, es necesario que dicho perfil se traduzca en soluciones de inversión que sean diversificadas, de bajo costo y altamente líquidas.

Lo anterior, permitirá enfrentar de mejor manera estos períodos más inciertos, no dejando que las emociones nos dominen y beneficiándose de las oportunidades de inversión que se generan en períodos de alta volatilidad y que pocas veces se dan. Asimismo, ayudará a rebalancear adecuadamente el portafolio cuando se producen desviaciones por rentabilidad o fuertes caídas en los mercados.

En definitiva, estructurar una estrategia disciplinada, que no busque predecir el mercado y basada en premisas como las nombradas anteriormente, nos permitirá capturar los retornos esperados en un horizonte de largo plazo.