Por Santiago Munita, socio de Noosa Capital

Columna publicada en DF Tax el 12 de noviembre de 2020

 

Probablemente a raíz de la estabilidad que ha gozado nuestro país en las últimas décadas, los inversionistas locales, por regla general, han preferido mantener una mayor porción de sus ahorros invertidos dentro de Chile o a través de instituciones chilenas en comparación con los inversionistas latinoamericanos respecto de sus países.

Sin embargo, a partir de la crisis social, los inversionistas locales han comenzado a buscar otros destinos que brinden mayor protección a sus ahorros o bien, que ofrezcan mayores expectativas de retorno.

Así, uno de los fenómenos que hemos visto, ha sido un mayor interés por invertir en el extranjero en forma directa, como alternativa a los fondos u otros vehículos locales que invierten en el exterior. De esta forma, el inversionista mantiene un portafolio de activos internacionales directamente, el cual puede monitorear o controlar de manera más activa que como lo haría siendo partícipe de un fondo de inversión local.

No obstante, lo anterior tiene implicancias tributarias que el inversionista debe entender bien antes de implementar este tipo de cambios en la manera de llevar sus portafolios. Primero, desde el punto de vista de la entrega de información al Servicio de Impuestos Internos (SII), y segundo, por la tributación a la que podría verse afecto en el país en que se efectúa la inversión.

Respecto de la información al SII, en el caso de la inversión directa en el extranjero, el cumplimiento tributario para el inversionista se hace un poco más complejo que en el caso de la inversión a través de fondos locales, ya que las entidades extranjeras no entregan información al Servicio y es el contribuyente el que tiene que informar y preparar de forma activa las declaraciones anuales de renta.

Por ejemplo, para determinar las utilidades por rescates de fondos públicos en Chile el Servicio incluye estos montos en la propuesta de declaración de rentas de un contribuyente, mientras que en el caso de inversiones directas en el extranjero, dado que el SII no tiene la información, es el inversionista quien debe proporcionarla con los reportes que le entregue la entidad a través de la cual lleve sus inversiones.

En cuanto a la tributación en el país de destino, el inversionista también tendrá que evaluar si es necesario cumplir con ciertas obligaciones con las autoridades o bien si está afecto a algún tipo impuestos en ese país. Así, por ejemplo, en el caso de inversiones directas en activos en EE.UU. por parte de una persona natural, además del impuesto de retención aplicado en dicho país por los dividendos e intereses, también podría verse afecto al impuesto de herencia, que puede llegar hasta un 40% del valor de los instrumentos.

Por lo anterior, es muy importante que quien quiera implementar un portafolio de inversiones directas en el extranjero, buscando mayor resguardo en su patrimonio, considere el apoyo de un asesor que lo oriente en la estructuración de una cartera que ofrezca eficiencia en la tributación y simplicidad para contabilizar sus inversiones y así realizar su declaración de impuestos en forma correcta.